Café de Colombia

No se sabe exactamente cómo llegó el café a Colombia. Parece ser que los jesuitas trajeron las semillas hacia 1730, pero existen distintas versiones al respecto. El testimonio escrito más antiguo de la presencia del cafeto en Colombia se le atribuye al sacerdote jesuita José Gumilla. En su libro El Orinoco Ilustrado (1730) registró su presencia en la misión de Santa Teresa de Tabajé, próxima a la desembocadura del río Meta en el Orinoco.

Lo que es seguro es que la historia del café de Colombia está ligada a la iglesia cristiana, y gran parte del incentivo a la producción se le atribuye a Francisco Romero, párroco de Salazar de las Palmas y ferviente admirador de la planta, quien imponía como penitencia a sus feligreses la siembra de cafetos, según la gravedad de sus pecados. El ejemplo lo adoptaron otros sacerdotes y, de esta forma, se propagó el cultivo del café.

La consolidación del café como producto de exportación en Colombia se dio a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La expansión que tuvo la economía mundial en ese período hizo que los hacendados colombianos encontraran oportunidades atractivas en el mercado internacional

Años más tarde, en la transición del siglo XIX al XX, se registró una caída de los precios en el mercado internacional repercutiendo en la rentabilidad y economía de las grandes haciendas. Sumado a esto, el desencadenamiento de la Guerra de los Mil Días, imposibilitó una adecuada manutención de las plantaciones, hecho que termina por arruinar los cultivos

Esta crisis de las grandes haciendas produjo uno de los cambios más significativos en la caficultura colombiana, pasando de los grandes latifundios a las pequeñas plantaciones.

El cultivo del café se convirtió en una opción muy atractiva para los campesinos, forjando una economía campesina de pequeños propietarios rurales que optimizan su mano de obra familiar y que aún hoy subsisten. En el período comprendido entre 1905 y 1935 la industria del café en Colombia creció de una forma dinámica. La creación de la Federación Nacional de Cafeteros en 1927 permitió a los productores establecer un mecanismo de diálogo con el gobierno y el impulso de políticas para el desarrollo del sector.

Nota de cata: Café de aroma intenso, con una acidez alta y un dulzor notable. Post gusto largo y persistente. Bebida limpia y uniforme.